La nutrición puede ser una ayuda importante para el bienestar emocional.
En consulta vemos a menudo que lo que nos pasa por dentro también se refleja en cómo comemos.
La ansiedad, el estrés, al culpa o la autoestima influyen mucho en nuestra relación con la comida.
Cuidar la mente
también es cuidar el cuerpo
Sabemos que la alimentación y la salud emocional van de la mano.
Muchas veces, el estrés, la ansiedad o el estado de ánimo influyen en cómo comemos… y al mismo tiempo, nuestra alimentación puede afectar a cómo nos sentimos.
Por eso, hemos incorporado el servicio de nutrición, de la mano de Guillem Clos, enfermero y con Máster en Nutrición, para poder ofrecer un acompañamiento más completo y adaptado a cada persona.
Un espacio donde trabajar la relación con la comida desde el respeto, la escucha y sin culpabilizar.
Creemos en un enfoque global del bienestar, en el que cuerpo y mente se cuidan juntos, entendiendo a la persona en su totalidad.
Te ayudo

Acompañamiento nutricional individual
personalizado y adaptado a las necesidades

Nutrición y salud emocional
integrando el trabajo nutricional con el bienestar emocional

Relación con la comida
desde la escucha y el respeto al cuerpo
¿Cómo se siente una persona cuando la alimentación deja de ser un espacio de cuidado?

Vive la comida con culpa o miedo

Siente que la comida es una fuente constante de conflicto

Alterna entre restricción y descontrol

Se exige “hacerlo perfecto” con la alimentación

Utiliza la comida para gestionar emociones difíciles

Evita situaciones sociales relacionadas con comida

Se siente frustrado consigo mismo

Tiene la sensación de que su relación con la comida ocupa demasiado espacio mental
Si estás sufriendo algunos de estos síntomas y éstos se alargan más de 2 semanas, te animo a que consideres la terapia psicológica como una opción de tratamiento para superarlo.
¿Por qué es
importante hablar de la relación con la alimentación?
Hablar de las dificultades con la alimentación es fundamental para romper muchos mitos y estigmas que aún existen. A menudo se piensa que “es solo cuestión de fuerza de voluntad”, que “todo se soluciona comiendo mejor” o que “si realmente quisiera, podría controlarlo”.
Pero la relación con la comida no es solo una cuestión de disciplina. Está profundamente vinculada a nuestras emociones, nuestra historia personal, nuestras creencias y la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos.
Normalizar estas dificultades permite entender que no se trata de falta de carácter ni de incapacidad, sino de procesos que pueden trabajarse con acompañamiento profesional y desde una mirada respetuosa.
Además, cuando hablamos abiertamente de cómo nos sentimos con la comida y con nuestro cuerpo, ayudamos a reducir la culpa y el aislamiento que muchas personas viven en silencio.
