Nutrición y salud emocional
Cuando lo que sentimos también influye en cómo comemos
La relación entre alimentación y salud emocional es profunda y bidireccional. Lo que comemos influye en nuestro estado de ánimo, energía y concentración, pero también nuestras emociones afectan directamente a la forma en la que nos alimentamos.
Situaciones de ansiedad, estrés, tristeza o baja autoestima pueden llevar a comer en exceso, a perder el apetito, a buscar alimentos concretos o a vivir la alimentación con culpa y control. En estos casos, centrarse solo en “qué comer” no suele ser suficiente.
Desde un enfoque que integra nutrición y salud emocional, se tiene en cuenta el impacto de las emociones en la conducta alimentaria, entendiendo que muchas dificultades con la comida no tienen que ver con falta de fuerza de voluntad, sino con procesos emocionales no resueltos.
Por eso, el trabajo nutricional se realiza desde una mirada global, coordinada con la psicología cuando es necesario, para acompañar a la persona de forma más profunda y coherente.
Este enfoque es especialmente beneficioso en casos de:
- Ansiedad o estrés mantenido
- Cambios vitales importantes
- Dificultades emocionales que afectan a la alimentación
- Procesos terapéuticos donde la comida también está implicada
Cuerpo y mente no funcionan por separado, y cuidarlos de forma conjunta marca la diferencia.




